Ser profesor siempre me ha parecido uno de los trabajos más nobles que pueda haber, el transmitir ciertos conocimientos a las demás personas puede ser muy satisfactoria, más si esas personas son niños ya que desde mi punto de vista en ellos se puede influir más, y un buen profesor puede ayudar a crear adultos responsables y comprometidos.
Sin embargo, nuevamente la situación de delincuencia extrema en nuestro país impide cumplir con ese objetivo, y la función de los profesores de ve detenida por las amenazas que los docentes reciben al intentar cumplir con su trabajo. Es esto lo que está pasando en el estado de Guerrero, principalmente en Acapulco, ya que en los últimos meses muchos alumnos se han quedado sin clases ya que los profesores se rehúsan a asistir ante el clima que se vive en ese lugar.
No culpo a los docentes, ellos deben de ver por su seguridad, pero ya es el colmo que esta “lucha contra el narcotráfico”, impide hacer actividades simple como ir a clases, no es posible que los maestros se vean obligados a dar la mitad de su salario para poder estar seguros, o que los niños estén en riesgo de que en cualquier momento inicie una balacera.
Se debe de prestar más atención a estas demandas sociales, para que podamos ir recuperando la seguridad que en algún momento existió en el país, y poner más énfasis en dar protección a este tipo de personas, en especial los niños, que no tienen por qué pagar los errores que se han venido arrastrando desde hace muchos años.